Algunas curiosidades sobre el sexo

Solemos aproximarnos al sexo con un espíritu aventureros, en ocasiones, lúdico. Esa es, sin duda, una de las mejores maneras de hacerlo. El sexo ha de ser un lugar de encuentro con las cosas que nos hacen sentir bien. Un espacio en el que olvidarse de todos y cada uno de los problemas a los que nos enfrentamos en la vida cotidiana un lugar para ocuparlo con diversión, optimismo y, sobre todo, la búsqueda de  sensaciones.
Por todo ello, hoy vamos a darle a este blog un aire lúdico y desenfadado y vamos a hacer una breve pero interesante incursión en algunas curiosidades sobre el sexo que son realmente dignas de comentar. Vamos a ello.
Al contrario de lo que podría pensar un varón actual, en la antigua Grecia, sin duda, la cuna de la civilización, los penes pequeños eran más valorados que los grandes. Mientras los pequeños, si se mostraban firmes, tenían mayor atractivo para aquella sociedad que los grandes, a los que se les consideraba poco estéticos.
Otra civilización posterior, la romana, de la que perduran multitud de rasgos significativos en nuestra sociedad, por supuesto también nos ha dejado una importante herencia de curiosidades sobre el sexo, Afortunadamente, la curiosidad que vamos a comentar a hora mismo no sigue vigente. Durante los años del imperio romana, el castigo por adulterio consistía en la amputación de la nariz. Terrible, ¿no?
El castigo por adulterio en Roma era la amputación de la nariz.
Inglaterra, sin duda siempre ha sido un país muy avanzado en casi todo Sin embargo, algunas de los síntomas de conservadurismo machista más rancios nos vienen de allí. Hasta el año 1884, por ejemplo, para una mujer, negarle sexo a su esposo, podía llegar a suponerla el arresto.
Pero la sociedad machista no era patrimonio exclusivo de los ingleses, ni mucho menos, De hecho la herencia machista nos llega a nuestros días y a nuestra sociedad por muy diversas vías. No en vano, es evidente que aún conservamos multitud de hábitos machistas  que, ojalá, duren poco tiempo más entre nosotros. Afortunadamente, nada que ver con Babilonia, donde se permitía que los hombres pagasen determinados bienes entregando a sus esposas.
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