El mito equivocado de la ninfomanía

Siempre hemos asociado a una mujer ninfómana con las ganas de tener sexo a todas horas y de disfrutarlo de una forma extraordinaria, es decir, con la hipersexualidad, con la sexualidad permanente y llevada al extremo. ¿Quién no ha soñado encontrarse con una mujer así en algún momento de su vida? pero la realidad es otra. Un mujer ninfómana no es, en absoluto, la fantasía que nos hemos planteado. En realidad se trata de una mujer que no encuentra placer en el coito y, cuando buscan sexo, en realidad lo que están buscando es sustituir una necesidad emocional ausente. Lo cierto es que utilizan el acto sexual no como un fin en sí mismo, sino como un medio.

Aunque, con asiduidad, utilicemos el término “ninfómana” para referirnos a mujeres con un voraz apetito sexual, este uso del lenguaje con es, en absoluto, apropiado. En realidad, la ninfomanía es una patología que puede llegar a ser, incluso, muy grave. Se trata de un deseo compulsivo de copular que consigue dominar el pensamiento consciente de quien lo sufre con todos lo problemas que eso supone. además, a pesar de la cópula la satisfacción sexual no existe y se continúa buscando sin éxito.

Las mujeres ninfómanas, generalmente, suelen llegar a padecer esta patología a consecuencia de haber recibido lesiones en la zona destinada a la libido en el encéfalo. El origen suele esta en algún tipo de tumor o, en algunos casos, en algún tipo de accidente angioencefálico. En otros casos, los cambios hormonales pueden degenerar en la ninfomanía.

La combinación de los factores físicos mencionados anteriormente con problemas de naturaleza emocional o afectiva suelen ser una bomba de relojería a la hora de acabar desarrollando esta patología. La mujer busca el afecto a través del sexo ya que, de esta manera, parece llenar el vacío que su existencia le causa. Sin embargo, el resultado no es el deseado y la búsqueda se eterniza. El proceso se convierte en un círculo vicioso que nunca termina. Necesidad de afecto, búsqueda en el sexo, frustración y, por tanto, necesidad de afecto y vuelta a empezar.

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