El sexo telefónico

El sexo telefónico puede convertirse en algo realmente excitante. Las palabras, los susurros y los jadeos son los que, en este caso, se encargan de jugar uno de  los papeles más importante en este tipo de encuentro sexual pero, sin duda, el protagonista real de el sexo telefónico, sin duda, es la imaginación. Ella es la que hacer que todo cobre sentido. Que las palabras sexuales que nos llegan a los oídos sean convertidos en estímulos eróticos. Que las respiraciones entrecortadas se consigan ponernos los vellos de punta. Que los jadeos de nuestra pareja al otro lado del hilo telefónico provoquen la misma sensación que las caricias de nuestra pareja presencial. Sin duda, la imaginación es la protagonista de una sesión de sexo telefónico.

Es conveniente, antes de comenzar una sesión de sexo telefónico tener un breve intercambio de información respecto a las preferencias sexuales de cada cual. Hay que tener en cuenta que la sexualidad es demasiado compleja y que cada uno tiene sus propios gustos. Alcanzar el suficiente clima de intimidad con alguien que no tenemos presente puede llegar a convertirse en algo mágico pero para ello es necesario tener alguna información sobre sus preferencia y que la otra persona también la tenga.

El pudor, sin duda, puede ser nuestro peor enemigo en una sesión de sexo por teléfono. El hecho de que la otra persona no pueda vernos nos ofrece una oportunidad estupenda para, sin miedo, introducirnos en nuestras más profundas fantasías eróticas. Pero para que esto sea efectivo, os protagonistas de esta historia, debemos despojarnos antes de cualquier conato de pudor o vergüenza que pueda asomar por ahí.

Cuidar el lenguaje puede ser algo importante. Ser precisos a labora d elegir las palabras siempre jugará a nuestro favor. Debemos tratar de ser lo más concretos posibles a la hora de describir acciones o situaciones. Aunque la imaginación juega un papel principal en el sexo telefónico, nunca está de más echarle una mano y facilitarle el trabajo. Especialmente al principio del encuentro, cuando aún podemos mostrarnos temerosos. Si todo fluye, los jadeos, la respiración entrecortada y las palabras interrumpidas por los gemidos irán haciendo que cualquier miedo vaya desapareciendo.

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