Cuando una relación no va bien. Consejos

Como ya comentamos en la entrada de ayer, todas las parejas sufren con el tiempo una serie de problemas como la rutina o dificultades en la comunicación que pueden acabar con la relación. Sin embargo, si somos capaces, con diálogo y trabajando juntos, de atajarlos a tiempo, podremos salvarla y reforzarla.

Antes de tomar la decisión de si vale la pena, o no, continuar con una relación, los expertos recomiendan que nos hagamos algunas preguntas. ¿Los beneficios de continuar compensan los inconvenientes? ¿Puedo comprometerme a hacer todo lo que esté en mi mano para resolver la situación? ¿El deterioro de la relación es debido a motivos de convivencia o se ha terminado el amor y la pasión? Si todavía existe el amor y tenemos verdadera intención de arreglar las cosas, estos son algunos consejos para conseguirlo.

– Falta de comunicación. Tenemos que aprender a escuchar a nuestra pareja, poniendo interés en lo que nos quiere transmitir y no interpretar sus palabras a nuestra manera o pensar que podemos leer su pensamiento.

– Reparto de las tareas domésticas. Suele ser uno de los principales puntos de conflicto. Es muy recomendable que analicemos primero qué tareas le gustan a cada uno y cuáles detestan, para después hacer un reparto del trabajo, respetando siempre el modo de hacerlo de cada uno.

– Cuidar la relación. Es fundamental dedicar tiempo a la relación. No podemos caer en la rutina ni en el exceso de televisión. Debemos sacar tiempo para salir una noche a cenar, ir al teatro o al cine o hacer una escapada de fin de semana. Recuperar momentos íntimos en los que volver a conocernos.

– Satisfacción en la cama. La mayoría de las veces, los problemas sexuales y la falta de deseo se producen por un desconocimiento de las necesidades del otro. Tenemos que hablar claramente de lo que nos gusta y de lo que no, de nuestras fantasías sexuales, de las veces que nos gusta hacerlo. Siempre que se hagan de mutuo acuerdo, es posible satisfacer la mayoría de estas necesidades.

El enamoramiento suele durar de cinco meses a dos años. A partir de ahí, tenemos que alimentar la relación tratando de seguir indagando en la personalidad de nuestra pareja o sorprendiéndonos de vez en cuando con alguna pequeña sorpresa para que la apatía y el aburrimiento no se instalen en nuestra relación.

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