Relaciones sexuales con extraterrestres

El sexo con extraterrestres parece, a simple vista, algun muy moderno y muy snob. Sin embargo, esto no es necesariamente así. Aunque nos creamos los primeros en confesar nuestros escarceos sexuales con criaturas provinientes de otros planetas, esto no es algo que pertenezca en exclusividad a nuestros contemporáneos.

Desde la antigüedad se han venido recogiendo testimonios de hombres y mujeres que, en su mayoría, eran abducidos o abducidas por asombrosas naves espaciales, les utilizaban para la práctica de sexo, en ocasiones con su consentimiento y, en otras, sin él y, finalmente, eran devueltos a la tierra para iluminar con su experiencia el mundo. En algunas ocasiones, incluso, se ha utilizado al género humano para asegurar la descencencia de los alienígenas. Bien fertilizando a sus hembras con nuestro esperma, bien albergando sus semillas en los vientres de nuestras mujeres.

Es conocido mundialmente el primer caso documentado de abdución sexual de un humano. Un joven de 23 años, Antonio Vilas Boas, granjero brasileño a la sazón, fue obligado, aunque sólo al principio, a mantener relaciones sexuales con una extraterrestre de apariencia humana, tras haberle extraído una muestra de sangre. Vilas Boas, después de esto, estudió y se convirtio en un respetable abogado, todo lo respetable que pueda ser alguien que cuenta estas cosas, y mantuvo su historia hasta su muerte a los 54 años de edad.

Resulta más que probable que el encuentro sexual de Antonio Vilas Boas con la extraterrestre tuviera, únicamente, fines reproductivos y que, en algúna lejana galaxia, se comenzara la repoblación con descendientes del brasileño, en cuyo caso, en la actualidad podría estar repleta de pequeños Vilas Boas perpetuando su genética.

Sin embargo, últimamente, se ha puesto más de moda la convivencia sexual entre planetas sin otro objeto que el sexo en sí mismo. Las nuevas generaciones, ya se sabe, huyen del compromiso y no buscan más que el escarceo sexual sin más. Y si para eso tienen que hacerse varios cientos de millones de años luz, pues se hacen y punto. La receptividad de la raza humana para cohabitar con cualquier bicho raro ha convertido en la tierra como un auténtico paraíso del turismo sexual intergaláctico.

 

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