Placer a través del orgasmo prostático

El orgasmo prostático es algo a lo que, en líneas generales, no está acostumbrad un hombre. En general, la forma masculina de entender un orgasmo tiene que ver, por supuesto, con la eyaculación. Esto quiere decir que para un hombre llegar a un orgasmo tiene que ver con expulsar. Sin embargo, en el orgasmo prostático sucede todo lo contrario. Es algo que ocurre hacia dentro del hombre, igual que pasa en el orgasmo femenino, y no hacia afuera.

El orgasmo prostático se consigue estimulando la próstata

El orgasmo prostático se consigue estimulando la próstata

Otra diferencia importante entre el orgasmo convencional y el prostático es que, de alguna manera, en su consecución interviene todo el cuerpo y no solamente el aparato reproductor. El orgasmo prostático es muy diferente a aquello a lo que están acostumbrados los hombres pero, cuando se cuenta con una técnica suficiente como para conseguirlo, es algo muchísimo más explosivo y descarnado.

Para estimular la próstata es necesario realizar una inserción a nivel anal, ya sea de los dedos de la mano o de algún juguete sexual adecuado para la estimulación del punto P. Cuando parecía que en materia de placer todo se había descubierto, aparece el orgasmo prismático para poner patas arriba la función del hombre en las relaciones sexuales. Parece obvio que este tipo de orgasmo tiene algo de revolución. Hace poco tiempo no se hubiese entendido que para conseguir mayor intensidad en el placer, ahora sea el hombre el que ha de ser penetrado.

Casi siempre, de forma errónea, se había considerado al orgasmo prostático una práctica sexual que tenía que ver con la homosexualidad. Por supuesto que esto no es así. Disfrutar de una técnica que proporciona placer de una forma desconocidas para quien  no lo ha probado no tiene nada que ver con sentir atracción física hacia personas del mismo sexo.

Ni que decir tiene que se trata de una práctica muy delicada aunque extremadamente placentera por lo que el nivel de complicidad con la pareja es absolutamente determinante para alcanzar las cotas más altas de placer. La confianza en quién nos está realizando la penetración debe ser absoluta, así como debe serlo también su delicadez y dedicación a la causa.

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