La boca en el sexo

Para algunos el sexo puede llegar a convertirse en un mundo de competición. Un esfuerzo agotador para conseguir metas, números, tiempos. Algunos coleccionan datos referidos al sexo: centímetros, minutos, amantes, orgasmos,…. Todo tipo de magnitudes conforman una amplia base de datos que cuantifica su vida sexual. Es una opción. Seguro que proporciona placer. Sin embargo, también existe otra manera de enfrentarse al sexo. Otra manera desprovista de estadísticas y llena, por el contrario de detalles, sutilezas, creatividad…

Con la boca se pueden dar los mejores estímulos

Para enfrentarse al sexo de esta última forma, es necesario dejarse llevar. Querer disfrutar intensamente y sin prisas de cada detalle, de cada sutileza. Olvidarse del tiempo. Olvidarse, por completo, del rendimiento. Limitarse a disfrutar con cada sentido de cada unos de los estímulos que el sexo, de forma generosa, pone a nuestra disposición. Saborear cada gota de saliva, de flujo vaginal,… Mirar, con detenimiento, cada lunar, cada mancha de la piel,….  Oir, sin prisa, cada jadeo, cada suspiro,…  Disfrutar del aroma de cada fluido, de cada gota de sudor,… Tocar cada rincón de los cuerpos ajenos y propios.

Y es ahí donde aparece la boca. La boca puede ser un punto de partida delicioso a la hora de sumergirse en un mundo de sensaciones. Con ella se puede recorrer un cuerpo entero. Con ella se pueden enviar todo tipo de mensajes a una piel o, incluso, a otra boca receptiva. La boca, con sus labios, su lengua y sus dientes, es capaz de articular todo tipo de estímulo sexual pero, por supuesto, también es capaz de recibirlos. Acariciar con los dientes la oreja de nuestra pareja, rozar el cuello de nuestro amante con los labios o lamer la cara anterior de los muslos son sólo algunas de las delicatesen que nos puede proporcionar una boca dispuesta a olvidarse del mundo.

Lo que más le gusta a la boca para viajar a través de cualquier cuerpo, conocido o desconocido, es la ausencia de relojes. Fingir que el tiempo no existe. Le apasiona ensimismarse como si su recorrido por la afortunada piel de turno fuese eterno. Nada puede proporcionar más placer en el mundo que una deliciosa boca callada.

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