Literatura erótica

La literatura erótica no es algo actual. La relación entre el erotismo y la literatura es tan ancestral como la relación entre sociedad y cultura. El erotismo es una necesidad social presente en todas las artes. Por supuesto, la literatura no podía ser menos. De hecho, la literatura erótica, ha constituido, por sí misma, un genero literario.

La literatura erótica ya estaba presente en el antiguo Egipto. Ya contaba con sus libros de sexo. El “papiro de Turín” es un manual donde se pueden encontrar una gran cantidad de técnicas amatorias. Aunque no se trata de literatura propiamente dicha, si se considera un antecedente con relevancia histórica.

El erotismo tiene gran presencia en la lteratura.

La literatura erótica existe desde que tenemos testimonios escritos.

En cualquier caso, es en la antigua Grecia donde se sitúan las más antiguas piezas de literatura erótica de la Historia. Las obras de Aristófanes, dramaturgo que cuatrocientos años antes del nacimiento de Cristo, han transcendido llegando a ser clásicos entrañables. Entre ellas, destacan algunas de sus obras de teatro, como  “Lisístrata”, caracterizadas por un alto contenido sexual.

“Los diálogos de las cortesanas”, atribuida a Luciano, es una obra que podría calificarse, perfectamente, como pornográfica en la actualidad, a pesar de haber sido escrita dos siglos antes de nuestra era.

Por supuesto que la civilización romana también tiene una basta creación literaria erótica “El arte de amar” de Ovidio es, sin duda, una de las obras maestras de la literatura erótica de la época.

La Edad Media es una mala época para el erotismo, lo que tuvo un claro reflejo en la producción de literatura  erótica, muy reducida durante ese periodo. Sin embargo, la llegada del Renacimiento, trajo consigo, entre otras muchas cosas, la aparición de nuevo, de una importante creación de literatura erótica. Especialmente representativo de este periodo, en cuanto a literatura erótica se refiere, es el “Decamerón”, escrito en 1355 por Boccaccio. La obra detallaba las gestas seductoras entre mojes y monjas en la intimidad del convento. Ni que decir tiene que, aún varios siglos después, el libro sigue alimentando polémicas.

Pero es a finales del siglo XVI cuando se produce la liberación definitiva de la literatura erótica. El Heptameron, de Margarita de Navarra, inspirada en el Decamerón recoge una colección de más de setenta relatos cortos con la lujuria como eje temático.

Desde entonces hasta nuestros días, una amplia gama de creadores han contribuido, con sus obras, al asentamiento de la literatura erótica. Sin duda, un género literario completamente consolidado.

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