La penetración: el momento de la verdad

La penetración supone que se ha ganado la partida. Ambos jugadores han ganado. No hay barreras. Las que hubiera han sido derribadas. Ninguno puso objeción ninguna. Y comienza la ascensión al éxtasis. El último ataque a la cumbre. Cada uno ha dejado entrar al otro en su más recóndito rincón y ambos cruzan el umbral prohibido de su compañero.

la-penetracion-el-momento-de-la-verdadLa penetración, es un resultado. En términos taurinos, es el la puntilla… Sobre todo con una nueva compañera, es ua pasada. Un orgullo masculino. En el fondo tiene mucho que ver con la dominación, con la virilidad. Con cobrar la pieza de caza. Pero es una caza sensible. La mujer confía en ti, se ofrece. Cuando entras en ella, puedes sentirla abrirse para ti… Sientes una forma de fuerza interior que te hace sentirte “macho”, aunque no seas machista. Aunque no entiendas ese concepto en ti. Pero necesitas poseerla para ti.

Qué sea fruto de la seducción puntual o con una mujer a la que conoces desde hace quince años, el resultado es el mismo. Hablamos del momento más intenso en el que se pasa a la fusión, a la alquimia. Lo importante para muchos hombres es retrasar lo más posible este instante… el deslizamiento progresivo del placer. Y allí, en la hora H, lo que interesa es la falta de resistencia. La sensación de este cuerpo cerrado que se abre.

A otros les encanta entrar y salir. Quedarse en el límite, de ella y del suyo propio. El juego de voy— no voy.

La penetración es el momento de la verdad, sobre todo la primera vez que te acuestas con una chica. Hasta ahí, estás en el juego del flirteo, de la seducción… todo vale para conquistar al otro, que es un ajeno. Es un objetivo para cada uno de los amantes. Pero de repente se acaba el juego entre dos. Sois uno sólo en perfecta comunión.

A muchos hombres les encanta mirar mi sexo entrando en ella. Es un momento mágico. Observar el vigor de su sexo penetrando y produciendo placer a su compañera. Es el puente entre los amantes. La conexión. Como si su sexo fuera un elemento separado de su cuerpo, al servicio de ambos.

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