Fidelidad: ¿por qué somos fieles?

” Yo, los embrollos, las conquistas, las mentiras, nada de pensar en eso. Creo que no tendría la energía para ser infiel. Y luego mi mujer tiene ventajas que echaría de menos si me marchara. No sólo hacemos el amor juntos de manera placentera, sino que hace otras cosas muy bien… ¡ La cocina! No encontraría nadie que me colmara tanto”, reconoce a Marc, 44 años.

Parece que la comodidad sea un factor muy poderoso de fidelidad para algunos hombres. En la serie Julián reconoce sin ambages: “Tengo tanto trabajo que cuando llego a casa sólo quiero pasarme la tarde tumbado en el sofá. Para engañar a mi mujer tendría que tener tiempo.”

Algunos hombres tienen miedo a la infidelidad por no dar la talla con alguien que nos les conozca, como su pareja estable, que en cuestión de sexo les perdona todo. Ya están acoplados. Es una postura realista.

Pero la palma del pragmatismo vuelve sin duda alguna con Federico, convencido que “el invierno te hace fiel”. “El engaño vuelve a multiplicar las fuentes de lío. Ya que una mujer, no es fácil manejar en el día a día. Pero dos al mismo tiempo… Puede ser tremendamente estresante”

Fidelidad: ser fiel por miedo a perder todo

fidelidad“Cuando estás con alguien con quien te sientes bien, con quien decidiste comprometerte para recorrer un trecho del camino juntos, te lo planteas dos veces antes de hacer una jilipollada. Yo soy fiel porque no tengo ganas de perderlo todo de la noche a la mañana, solamente porque tuviera la sangre caliente una tarde y porque no fuera capaz de resistir la tentación”, resume Carlos, de 29 años. Su confesión no es de la más elegantes, pero sin embargo pone el dedo sobre uno de los muelles esenciales de la fidelidad masculina. Así como lo resume Jean-Michel Hirt: “el deseo del hombre es muy inmediato: obedece a una mecánica donde la excitación engendra la erección. Ser fiel vuelve pues a contradecir su anatomía, lo que le lleva a realizar un auténtico esfuerzo de renuncia.” Si esta renuncia voluntaria queda ligada al miedo de perder todo, puede a veces verse adornada de altruismo, como lo demuestra Jorge, de 38 años: “No tengo ganas de causar dolor a mi compañera, porque confía en mí. Ser infiel sería traicionarla. “

Apuntaremos que los raciocinios de Jorge y de Carlos presuponen que la mujer engañada acabará forzosamente por enterarse: una perspectiva que parece refrenar muchos ardores. Mientras que  Carlos pide confirmación: “Al final todos acaban siendo pillados, ¿no?”, Manuel lo confirma sin dudas: “Con Internet, los portables, la geolocalización… se vuelve imposible engañar a una mujer.” ¿las nuevas tecnologías serán, al final, las nuevas murallas de la fidelidad?

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